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Revisa tu nevera: esta popular bebida es, según los expertos, enemiga de la energía masculina

Publicado: 22 de abril de 2025 · Tiempo de lectura: 5 min

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En las neveras de millones de personas hay una bebida a la que recurrimos casi por instinto, sobre todo después de un día intenso de trabajo, durante un entrenamiento en el gimnasio o en una calurosa tarde de verano. Hablamos de las bebidas energéticas y los refrescos azucarados con gas. Anunciadas como fuente de energía y vitalidad, en realidad pueden producir el efecto contrario, especialmente cuando se consumen con regularidad y en grandes cantidades. Los nutricionistas y especialistas en alimentación advierten cada vez con más fuerza sobre su consumo excesivo.

Una bomba de azúcar en un envase elegante

Una sola lata de una bebida energética popular contiene de media entre 27 y hasta 40 gramos de azúcar, el equivalente a 7-10 cucharaditas de sacarosa pura. Para hacernos una idea, la Organización Mundial de la Salud recomienda que la ingesta diaria de azúcares añadidos no supere los 25 gramos. Esto significa que una sola lata de bebida energética cubre, y a menudo supera, la necesidad diaria de azúcar. Tras consumir esa cantidad, el organismo experimenta un brusco aumento del nivel de glucosa en sangre, al que sigue rápidamente una caída igual de brusca. El resultado es una sensación de cansancio, irritabilidad y, paradójicamente, una falta de energía aún mayor que antes de tomar la bebida.

El impacto sobre el hígado y el metabolismo

El consumo habitual de grandes cantidades de azúcar, especialmente en forma líquida, que se absorbe muy rápido, sobrecarga el hígado. La fructosa —componente del jarabe de glucosa-fructosa presente en la mayoría de las bebidas azucaradas— se metaboliza exclusivamente en el hígado. Con un consumo excesivo, el hígado empieza a transformar el exceso de fructosa en grasa, lo que puede derivar en hígado graso, un problema que afecta a un porcentaje cada vez mayor de la población. Un hígado sobrecargado por el procesamiento de azúcar trabaja de forma menos eficiente en sus otras funciones, incluidos el metabolismo de nutrientes y los procesos de desintoxicación. Esto, a su vez, repercute en el bienestar general, el nivel de energía y la vitalidad.

¿Qué beber en su lugar? Alternativas naturales

Si buscas formas naturales de tener más energía durante el día, merece la pena considerar algunos sustitutos sencillos. El té verde aporta una dosis moderada de cafeína junto con teína y L-teanina, un aminoácido que favorece la concentración sin generar nerviosismo. El agua con rodajas de limón y menta fresca es una bebida refrescante que hidrata el cuerpo y aporta vitamina C. Una infusión casera de jengibre —jengibre fresco en agua caliente con una cucharadita de miel— reconforta, favorece la digestión y estimula el metabolismo de forma natural. La clave está en elegir con conciencia lo que guardamos en la nevera. Sustituir las bebidas energéticas y los refrescos azucarados por agua, té e infusiones naturales es uno de los cambios más sencillos que podemos hacer para notar una diferencia real en nuestro nivel de energía diario.

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